Ballena Blanca

“En la muestra Comida de Ballena que ahora nos presenta, Jorge Beda vuelve a sus orígenes oceánicos. Con el mar como principal hilo conductor, la unidad temática de las piezas llega a través del inconsciente atávico de este hombre del norte, nacido a la vera del Cantabricus Oceanus bautizado por los romanos. Ni que decir tiene que en el conjunto sobresale la serie de ballenas, remarcadas por el mismo título. Y como no podía ser de otra manera, el ancestro sociocultural en el que se crió el autor se aúna, de nuevo, con su especial predilección por el mito y la pintura simbolista. Beda se reencuentra con la «comida de las ballenas», las algas que escudriñaba en sus escapadas escolares a la playa de Arrigunaga, y reinterpreta el motivo bíblico del gran pez citado en la historia marítima del profeta Jonás. Atemorizado por la misión encomendada por Yahveh (proclamar a la «gran ciudad de Nínive» que sobre ella había incidido la maldición divina), Jonás huyó a Tarsis por mar. En el viaje, una violenta borrasca casi hace perecer la embarcación. Aterrada, la tripulación sorteó entre marinos y pasaje sobre quién recaería la culpa por haberse desatado la tempestad. Por supuesto, salió el nombre de Jonás, quien confesó entonces su propósito de huida por temor a la ira de Dios. Consciente de que la tempestad no cesaría hasta cumplir con su merecido castigo, Jonás pidió ser arrojado al mar: «Y agarrando a Jonás, le tiraron al mar; y el mar calmó su furia». En ese momento Yahveh dispuso que Jonás fuera tragado por un gran pez, en cuyo vientre estuvo encerrado durante tres días y tres noches. En su oración de arrepentimiento, Jonás refiere una de las imágenes más hermosas del imaginario hebreo, según la cual, la tierra descansaba sobre el fondo del mar; de ahí la alusión de su discurso al descenso a las «raíces de los montes», al país que echó sus cerrojos, a la fosa. Ese inframundo, ignoto y temido, se convierte definitivamente en metáfora del reino de la muerte, en el que la ballena o gran pez aparece como monstruo voraz.”

Ballena blanca
Ballena blanca

La concurrencia de este relato antropófago —asimilable con el mismo motivo presente en narraciones tradicionales orientales, como revela, por ejemplo, la versión europea de Caperucita Roja— a través de la lectura icónica que nos propone Jorge Beda pasa por la visión esquemática de la ballena como ser misterioso, habitante de la profundidad de los mares, según propone en varias entregas; en siluetas sobre fondos de color, en cuerpos donde impera el monocromatismo (Ballena blanca, Ballena amarilla, Cachalote rosa), o en imágenes a veces surrealistas (como la Ballena voladora o Ballena cohete), el autor explora las posibilidades lúdicas que le sugieren el motivo, siempre desde el simbolismo imperante de esta colección: la Ballena voladora, vestida con piel ajedrezada en tonos rosa, se expande por un cielo estrellado en una visión sustitutiva del elemento agua por el de aire que permite la conversión de la aleta en ala (no en vano, en castellano, la primera es derivación diminutiva de la segunda).

Ballena amarilla
Ballena amarilla

Ballena voladora
Ballena voladora
Ballena cohete
Ballena cohete

 

texto: El mar y la ballena: Jorge Beda en su descenso a «las raíces de los montes» de VÍCTOR J. HERNÁNDEZ CORREA

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s